
Este era un gigante que vivía en un castillo en lo más alto de la montaña rodeado de bosques, un lugar muy lindo. Vivía solo, la gente de la aldea le hacía los trabajos del jardín, del castillo y para lo que él necesitara. Era muy elegante, elegía con mucho cuidado sus trajes que se hacían especialmente para él a su medida, combinaba colores de chaquetas y pantalones y el resultado era sorprendente.
Un día encontró a una joven que venía de un convento que estaba cerca del castillo, el gigante le preguntó: ¿Porque te encuentras tan lejos del convento te has perdido? No respondió la joven solo salí a caminar y me aleje demasiado ¿Qué haces en el convento le dijo el gigante? Yo soy huérfana y las religiosas me dejaron vivir en el convento, me han educado, pero yo no me acostumbro, ellas son muy estrictas y yo deseo ser libre poder decir lo que pienso, no estar siempre en silencio, cantar y ser feliz creo que lo que nos rodea es hermoso, los campos, las flores, los aldeanos, no me agrada estar en retiro rezando la mayor parte del tiempo. ¿Si yo puedo aprender y hacer cosas buenas para que voy a estar rezando? El gigante la miró y le dijo: vente al castillo conmigo, yo hablare con la superiora, porque no creo que tengas la vocación de religiosa. Así lo hizo el gigante y la superiora dio su autorización para que la joven se fuera a vivir al castillo con el gigante.