
Había una vez una joven que deseaba casarse con un príncipe y que éste la llevara a su palacio y vivirían felices para siempre. Este era un sueño maravilloso que en su imaginación le parecía real. Ella vivía en el desierto, era un pueblo nómade que viajaban de un lugar a otro y no se quedaban mucho tiempo. Las familias vivían en carpas y acampaban cerca de los oasis que eran donde había agua y vegetación; Algunas ancianas comentaban que en un lugar del desierto había una fuente y que la Ninfa de la fuente te concedía tres deseos, si tu corazón estaba limpio, no le habías hecho mal a nadie y eras bueno la Ninfa te concedía tus deseos.
Había oído tantas veces este cuento, que lo único que quería era encontrar a la Ninfa de la fuente, pero primero tendría que encontrar la fuente. Un joven hijo de uno de los jefes de las familias, la encontraba muy hermosa y deseaba casarse con ella, era un poco mayor y se habían criado juntos. Cuando la veía soñar y buscar los caminos de la fuente se intranquilizaba y le decía: