Todos los días pasaba frente al castillo un hombre con un carromato que
vendía una infinidad de cosas como chales, collares, adornos que muchos de los
habitantes del castillo apreciaban; Un
día salió a verlo la princesa y el vendedor ambulante se enamoró de ella.
La encontró tan linda su cabello cobrizo brillaba con el sol y su
sonrisa era una alegría verla, su figura esbelta y elegante, él no hacía más
que mirarla y olvidarse de todo. A la princesa le gustaron unos chales y él se
los regaló, pero la princesa le dijo que no podía aceptarlos como regalo y le
pidió al vendedor que recibiera sus monedas o no podría quedarse con ellos, el
vendedor recibió las monedas y todos se dieron cuenta que él había quedado encantado con la princesa.
