Musgette vivía en el bosque con sus padres adoptivos que la habían
encontrado cuando regresaban del pueblo, donde habían ido a entregar unos
bordados que hacía la mujer del guarda bosques; la niña estaba entre unos
helechos y musgos. Así que la llamaron “Musgette”.
La niña era muy bonita y a medida que crecía la mamá adoptiva trataba de
enseñarle para que la ayudara en la casa, pero Musgette siempre estaba soñando;
tenía un hermoso cabello negro, su tez era blanca, sus mejillas sonrosadas los ojos
verdes y una mirada soñadora que la alejaba de la realidad a un mundo que era
solo de ella.
