Cristina una niñita muy frágil y delicada, costaba mucho que comiera. La mamá y la nana trataban de darle la comida contándole cuentos, haciéndoles juegos y Cristina terminaba apenas comiendo la mitad del plato. Tenía cinco años y la mamá le decía este es un trencito, viene la locomotora, luego un carro con sopa; ¡Mira! Cristina que buena es la sopa y le daba algunas cucharadas hasta que Cristina no quería abrir la boca. La mamá seguía diciendo…viene otro carrito…y trae puré…y le daba otras cucharadas y luego viene el carro con la carne; pero Cristina ya cansada no quería más. Todos los días le inventaban algo para que comiera; la niña se fue debilitando, no tenía defensas, se resfriaba con facilidad y faltaba mucho al colegio, porque pasaba enferma.
Vivía en una casa estilo inglés, rodeada de jardines y parques. Cerca de la casa había lindos rosales que subían por el muro al lado de la ventana entrelazándose con las enredaderas de hiedras. Cerca de la piscina un hermoso macizo de flores, paqueret, rosas blancas y amarillas. Al lado plantas perennes y otras de temporadas, como petunias, orejas de oso, prímulas y pensamientos; también había algunas coníferas como un abeto azul, un ilex variegado, thuyas doradas, yuníperos, ericas, todos muy lindos; camelias, diamelos rododendros, magnolios y otra infinidad de arbustos y plantas. Cristina disfrutaba mucho de este parque.